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EL ALUMBRADO PUBLICO

Antes del año 1848 no existía en Maracaibo alumbrado público; el Ayuntamiento, por medio de pragmáticas que se habían publicado por bando, establecía la obligación de los vecinos de sacar luces al frente de las casas, de las seis de la tarde a las diez de la noche; para hacerla cumplir se tenía un hombre que recorría las calles de la población gritando "luces afuera", y al que no las sacaba se le imponían multas que oscilaban entre dos reales y cuatro pesos de a ocho reales, según fuera la posición económica de la familia que habitaba la casa. Después de la diez de la noche quedaba la ciudad en completa obscuridad y los noctivagos y parranderos aprovechaban las sombras para hacer de las suyas y entre cuentos de aparecidos, patrañas y consejas, buenos y malos, se destacan por originales y graciosos los anotados de seguida: Erase un repartidor de una panadería que tenía su burro muy bien preparado para el oficio; la "enjalma del animal estaba acondicionada para llevar dos grandes barriles reforzados con flejes de hierro y tapas fuertes de hoja de lata con sus ganchos para facilitar su manejo y en ellos se llevaban grandes cantidades de pan para ser repartido en la población. Este pan salía de los hornos a media noche y el distribuidor llenaba los barriles y, como era temprano, se iba a su casa, amarraba el burro en la ventana y se acostaba a dormir, esperando la madrugada para cumplir con su obligación. Algunos vecinos suyos conocían esa costumbre y resolvieron darle un susto. Una noche llegó a su casa, ya despachado de la panadería, amarró el burro a la ventana, entró y se acostó a dormir; como los vecinos se habían preparado, al quedar el burro amarrado destaparon los barriles y silenciosamente sacaron el pan que fueron metiendo entre lashojas de la ventana de la casa, y dos de ellos, uno vestido con una bata negra y el otro de blanco, se metieron uno en cada barril y colocaron las tapas en forma de recibir aire; cuando el repartidor salió de su casa montó en su burro y salió a repartir su pan, pero a poco andar sintió que las dos tapas de los barriles caían al suelo y al volverse para saber la causa se quedó pasmado del susto al ver que de los barriles salían dos espectros que consideró habitantes de ultratumba y oyó que el vestido de blanco preguntó con voz adolorida: "¿Qué hora es?", a lo que contestó el vestido de negro, con acento lúgubre: "Las doce, me dieron saliendo de Piorna". El panadero, al ver y oír aquello, no esperó más, saltó de su burro y dejándolo abandonado corrió hasta su casa, entró precipitadamente, pasó el cerrojo, y no estando satisfecho con esa seguridad buscó una tranca y la puso en la puerta a manera de puntal, para evitar la entrada a los espectros. Otra anécdota de la época es la siguiente: Un señor de esos que creen que determinados objetos o animales les sirven de protección en la vida usaba como amuleto una moneda de plata española de valor de un duro, que tenía por una cara la efigie del rey Carlos III y por la otra el escudo de España; la cuidaba con tal celo que a cada rato debía verificar si estaba en el sitio donde solía guardarla, pues era la que le daba la buena suerte en sus asuntos materiales y espirituales. En una ocasión se le perdió esa moneda y al no encontrarla se desesperó, habló con todos sus familiares y amigos y publicó un aviso ofreciendo una buena gratificación a quien encontrara la moneda o le diera informes sobre ella; la noticia fue motivo de comentarios entre el público, porque el dueño no cesaba de hablar en todas partes de su amuleto y no podía dormir lamentándose constantemente de esta pérdida. Uno de los noctivagos oyó los comentarios y supo de sus angustias y, aprovechando una noche obscura en que pasó por la casa del hombre a quien se le había perdido el duro español, le tocó la puerta precipitadamente; como tardara en abrirle repitió el toque, indicando con ello que el asunto era de mucha urgencia, y al abrir la puerta el dueño de la casa le preguntó: -¿A usted se le ha perdido una moneda de plata española? -Sí- le contestó, en medio de la mayor alegría, porque suponía que ya la había encontrado. -¿Tiene por un lado la cara de Carlos III y por el otro el escudo de España? -preguntó de nuevo el visitante. -Sí, señor, y estoy dispuesto a darle una buena gratificación. Su interlocutor se quedó mirándolo y le dijo: -Era para comunicarle que yo no la tengo, ni sé quién la tiene. Y el chusco desapareció protegido por las sombras de la noche; el dueño de la moneda perdida se quedó perplejo y cerró violentamente la puerta de su casa. En el año de 1848 la Diputación provincial decretó el alumbrado público con catorce faroles de kerosene que se pusieron en las catorce esquinas más centrales de la población y éstos eran atendidos por un obrero que diariamente llenaba los envases de petróleo y limpiaba los vidrios de los expresados faroles. En los siguientes años fueron aumentándose y para 1851 ascendía a cincuenta el número de faroles. Tocóle al doctor Alejandro Andrade la gobernación de la sección Zulla para la fecha centenaria del nacimiento del general Rafael Urdaneta y, entre el esplendor de esa celebración, fue inaugurado el primer alumbrado eléctrico habido en Venezuela. En el año 1884 la firma comercial Minios Breuer & Cía. empezó las gestiones consiguientes al establecimiento del alumbrado eléctrico en la ciudad, lo que se tardó por varias razones: una de ellas era el precio, que se consideraba alto en aquella fecha, y luego la oposición que hizo al proyecto una empresa capitalina que tenía la exclusividad del alumbrado con kerosene en todas las poblaciones del país. Estos inconvenientes fueron vencidos: el 8 de junio de 1888 fue firmado el respectivo contrato y la inauguración del servicio del alumbrado eléctrico público tuvo lugar el 24 de octubre de 1888, fecha centenaria del natalicio del general Rafael Urdaneta. Los postes de madera colocados en las calles tenían soportes de metal que servían de escalones para subir a la parte superior, donde un fuerte gancho de hierro sostenía una pantalla metálica que cubría un globo de cristal, amparando el mecanismo que producía la luz al contacto de dos barretas de carbón de piedra terminadas en punta, que se colocaban con tornillos en sus soportes; al recibir el fluido eléctrico, a las seis de la tarde, daban una luz brillante hasta el amanecer del siguiente día. Los operarios de la empresa subían a los postes, limpiaban los globos y separando los carbones consumidos en el tiempo de la sombra los reponían con otros para la siguiente noche. El cambio del alumbrado de kerosene por el eléctrico fue notable e hizo desaparecer de la ciudad las consejas, patrañas y fantasmas que infundían temor a la gente sencilla. Un año después, el 24 de octubre de 1889, se estableció el servicio de abastecer de luz a las casas de la ciudad, en medio del entusiasmo general de sus pobladores. La empresa que tomó a su cargo el alumbrado público y privado se tituló "Maracaibo Electric Light Co.", siendo su primer gerente el señor Jaime F. Carrillo, quien puso todo su entusiasmo en la ejecución de la obra, en tal forma que la gente del pueblo lo asociaba a todo lo que se refiriera al alumbrado, lo que se demuestra con la copia que de seguida hacemos de una copla popular que parecía ser de una ama de casa, reclamando a su esposo lo que le daba el sustento diario uando éste entraba elaasa y encontraba el fogón apagado: Con real y mdio cuartillo que me pasais de ración, quereis que tenga el fogón como la luz de Carillo.

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