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ORIGEN DE LA DEVOCIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ UNA VISITA A LA POBLACIÓN DE CHIQUINQUIRÁ

Saliendo de la hermosa sabana de Bogotá, donde los chibchas fijaron la residencia de sus Zipas y Jiménez de Quezada, hombre de armas y de letras, puso los fundamentos de un caserío que a través del tiempo se convertiría en la capital del Nuevo Reino de Granada y luego en la esplendorosa ciudad de Bogotá, llamada la Atenas de América, nombre que respaldan nueve universidades privadas y una nacional con su Ciudad Universitaria, se sigue por una autopista rumbo al Norte donde los barrios residenciales de "El Retiro" y "Chicó" van tomando el lugar, que antes ocupara "Chapinero" como principal centro residencial y luego de recorrer cincuenta kilómetros por una bien tendida carretera se llega a Zipaquirá, donde las galerías formadas por las excavaciones de las grandes minas de sal hicieron que el poderoso impulso de la industria y el espíritu eminentemente religioso de la población aprovecharan las grandes excavaciones hechas en los cerros para formar una catedral de sal en que ostenta su admirable hermosura el santuario subterráneo de Guazá. Se sigue con el mismo rumbo una carretera de piso natural avanzando sobre la altiplanicie bogotana y al término de ella continúa la carretera por una región montañosa donde se abre un estrecho valle limitado por dos cadenas de montes escarpados y al final de éstos se amplía el valle y una sucesión interminable de posesiones agrícola-pecuarias va bordeando la carretera, donde pinos, sauces y eucaliptos sembrados como rompevientos sirven de marcos divisorios de propiedades y tienden sobre el suelo la sombra acogedora que es grata al transeúnte.

Chiquinquirá es una palabra de lengua indígena que significa lugar de aguas, brumoso, cenagoso y desapacible.La población de este nombre está situada en un valle rodeado de colinas; en sus pies se tienden cuadriláteros de tierras sembradas y corrientes de agua que las fecundan; árboles frondosos se ven en los alrededores donde cantan los pájaros y, como si estuviese pronta a rendir sus homenajes a la Reina del Cielo, la población se presenta sosegada y tranquila como segura de que es propietaria de la patrona de la República de Colombia y parece dormida en su sueño de fe. Dos grandes plazas tiene la población, ambas con una extensión de cerca de doscientos metros por lado, con edificios de dos plantas en su mayoría, lo que da un aspecto simétrico agradable; la plaza de La Libertad está adornada por la hermosa Basílica Menor dedicada a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; la otra es la plaza Julio Flores, en cuyo centro la figura del delicado poeta es orgullo de la ciudad que fue su cuna. HISTORIA DEL CUADRO DE NUESTRA SEÑORA DEL RO- SARIO DE CHIQUINQUIRÁ, EN COLOMBIA, Y SU RENOVACIÓN A mediados del año 1560, o sea a distancia de cuatro siglos justos, fray Andrés Jadraque, religioso dominico recibió el encargo de don Antonio de Santana, español residente en el pueblo de Sutamarchán, departamento de Boyacá, de hacer pintar un cuadro de Nuestra Señora del Rosario. Encargado el pintor Alonso de Narváez, residente en TunJa, de pintar el cuadro, éste tomó para ello una tosca tela de algodón tejida por los indios que tenía 1,13 metro, de alto por 1,26 metro de ancho; la imagen de la Virgen del Rosario se pintó a un tamaño de 1,05 metro de alto como la manta era más ancha que larga y quedaba espacio sobrante a los lados, los que ordenaron el cuadro pidieron se pintara a los lados las imágenes de los santos de sus nombres: San Antonio y San Andrés. El cuadro fue pintado al temple, mixturando tierra de diferentes colores con elzumo de algunas plantas y flores. El propósito de don Antonio de Santana era poner el cuadro a la veneración de los fieles en una iglesia pajiza en el pueblo de Sutamarchán, donde estuvo doce años hasta que el cura del pueblo, viendo que ya estaba borroso y roto, lo quitó del sitio y colocó en su lugar un crucifijo.

Don Antonio de Santana y su esposa doña Catalina García de Irlos pusieron el cuadro en una choza sin puertas que llamaban capilla, en una finca de su propiedad en Chiquinquirá, que era una especie de páramo casi inhabitable; duró el cuadro en esa capilla varios años hasta que finalmente fue abandonado y arrinconado como objeto inútil. En ese tiempo murió don Antonio de Santana y llegó a Chiquinquirá doña María Ramos, esposa de don Pedro de Santana, hermano del extinto que vivía en Tunja, con el objeto de acompañar a doña Catalina García de Irlos, y viendo el cuadro que estaba considerado como inútil lo colocó en alto en el sitio que ocupaba anteriormente, sujetándolo con gruesas cuerdas en lo alto del cañizo de la llamada capilla. María Ramos rogaba diariamente a la Virgen del Rosario se mostrara de nuevo dejando de estar escondida, y el día viernes 26 de diciembre de 1586, entre ocho y nueve de la mañana, saliendo María Ramos de la capilla, un niño de pocos años llamado Miguel que era llevado de la mano por una india que era su madre, de nombre Isabel, comenzó a gritar: "¡Madre, mira a la Madre de Dios que está en el suelo!". La madre vio la imagen llena de resplandores que iluminaban la capilla y dijo a María Ramos: "¡Mira, mira señora, que la Madre de Dios se ha bajado de su lugar y está allí en tu asiento, parada, y parece que se está quemando!"; volvió la vista María Ramos y vio a Nuestra Señora del Rosario resplandeciente, de pie y en el aire, un poco inclinada hacia el altar. María Ramos, derramando lágrimas de alegría y devoción profunda, prorrumpió en las siguientes palabras: "¡Madre de Dios, Señora mía! ¿Dónde merezco yo que os bajéis de vuestro lugar y estéis en mi asiento, parada?". La santa imagen quedó todo el día con el rostro encendido y colorado y luego con el color y hermosura que se ven hasta el presente. Después de esta primera renovación, el día sábado 30 de julio de 1588, a las ocho de la noche, hubo una segunda renovación del cuadro; duró el milagro tiempo suficiente para que lo pudieran admirar todos los vecinos y el día 5 de enero de 1589 hubo la tercera renovación, prodigio que duró desde las ocho de la mañana hasta el día siguiente a las cinco de la tarde. La verdad de estos prodigios se prueba por las informaciones y procesos jurídicos y eclesiásticos, juramentados, que se han establecido desde el día 10 de enero de 1587, o sea quince días después de la primera renovación.

LA BASÍLICA MENOR DEDICADA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ, EN EL PUEBLO DE SU NOMBRE

El lugar donde se produjo el milagro de la renovación no era aparente para edificar un templo a Nuestra Señora del Rosario, por ser un lugar bajo y húmedo, por lo que se fabricó una capilla que lleva el nombre de La Renovación. En esta capilla, y debajo del altar, hay una fuente donde acuden los peregrinos para llevar agua y barro, lo que ha hecho que se haya tenido que poner una tapa metálica con llave, que reposa en poder del cura de la iglesia. El lugar de la renovación y la capilla están en la plaza Julio Flores, los chiquinquireños no estaban conformes en que el templo se hiciera en el lugar que los reverendos padres dominicos estaban fabricándolo, porque deseaban fuese en el propio sitio de la renovación, pero el ilustrísimo y reverendísimo obispo monseñor Rafael Lazo de la Vega, quien fuera obispo de Mérida de Maracaibo, de muy grata memoria para Maracaibo, intervino y logró que los habitantes de Chiquinquirá convinieran en que fuese trasladado el cuadro al nuevo templo que los reverendos padres dominicos edificaban en la plaza de La Libertad.

La hermosa Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tiene un tamaño de setenta y tres metros de largo, treinta y cinco metros de ancho y quince metros ochenta y cuatro centímetros de alto; consta de tres naves con sus respectivos cruceros, los cuales en la parte de atrás tienen y encierran el presbiterio, que rodea una arcada elegante y atrevida compuesta de columnas que pertenecen a la nave central; las naves laterales tienen diecinueve bóvedas de aristas y descansan sobre tres arcos de medio punto. El altar mayor, de mármol, tiene una altura de doce metros, es de orden corintio, se levanta sobre ocho esbeltas columnas; desde la primera grada hasta el remate es de bellos colores y artísticamente ornamentado con figuras talladas y doradas en metal. Sobre la comisa descansan dos angelitos desnudos, en actitud de volar, sosteniendo en sus manos emblemas de la Virgen. Hay tres mesas para la celebración del santo sacrificio de la misa, dos laterales y la mesa principal; el tabernáculo es de mármol transparente como el alabastro oriental, los golpes de luz de las ventanas del templo lo hacen brillar en todas sus partes y en medio de este magnífico altar está el cuadro original que mandara a pintar don Antonio de Santana y cuya imagen fue coronada solemnemente en Bogotá, el día 9 de julio de 1919 y declarada Patrona y Reina de la República de Colombia. Una elegante escalera con peldaños de mármol llega hasta el cuadro y permite contemplar de cerca la venerada imagen.

HISTORIA.DE LOS SUCESOS OCURRIDOS EN MARACAIBO CON NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRA Y SU RENOVACIÓN

Basílica de Nuestra señora de la Chiquinquirá Esta es la verdadera historia cuyo contenido cuenta los sucesos de la Aparición de la Virgen de la Chiquinquirá en la ciudad de Maracaibo ya hace varios siglos atrás. Un sol esplendoroso cae sobre la bruñida superficie del Coquivacoa y sus rayos de luz pintan de color aguamarino y la onda que pasa en su vaivén eterno; sobre ellas viaja una pequeña tabla que acaso se cayera de un buque trasatlántico o de alguna nave de las que hacen su viaje sobre la superficie líquida, porque el lago o el mar no marcan sus caminos: ellos se forman cortados por el filo de las proas de buques navegantes y dejan las estelas que se tunden en sus inmensidades; la pequeña tabla, juguete de las olas que le imprimen sus ondulaciones, se va acercando cada vez a las orillas donde las lavanderas hacen su oficio. Una de ellas ve venir la tabla, la alcanza y al tomarla en sus manos piensa que sería propia para tapar la tinaja que en su casa contiene el agua de beber, así como también para colocar encima de esa tapa el envase de lata que se usaba para sacar el agua, bien para tomar o bien para llenar alcarrazas (vasija de arcilla porosa), donde se ponía a refrescar el agua. El agua que le quedaba al envase de la lata se escurría sobre la tapa de la tinaja y esta agua va descubriendo poco a poco una pintura que, andando el tiempo, se va convirtiendo en figura borrosa hasta verse los rasgos de una imagen de la Virgen María; la mujer que hizo el hallazgo, al advertir esta circunstancia, la quitó del sitio que ocupaba y la colgó de la pared con el objeto de reverenciarla y rezarle diariamente.

Siguió la tablita ocupando el nuevo sitio y el día martes 18 de noviembre de 1749, estando la mujer moliendo cacao, sintió que en el sitio donde colgaba el cuadro sonaban unos golpes, a los que en principio no hizo caso; momentos después se repetían los mismos golpes y por tercera vez se repitió el toque, lo cual hizo que ella volviera el rostro hacia el sitio y entonces se dio cuenta de que se dibujaba, completa la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá igual a la que se veneraba en el pueblo de su nombre en Colombia y entre la sorpresa y el asombro salió a la calle gritando: "¡Milagro! ¡Milagro!", lo cual atrajo a los vecinos y personas circulantes alrededor del sitio, dándose cuenta todavía de que el cuadro estaba iluminado; entre esa concurrencia varias personas conocían los antecedentes del cuadro, lo habían visto en forma borrosa y ahora se presentaban las tres imágenes completamente dibujadas sobre la propia tabla iluminada por aquella luz que conformaba la palabra milagro que había salido de los labios de la mujer en forma emocionada y admirativa. La explosión de fe que produjo la renovación del cuadro de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en Maracaibo tuvo las siguientes proyecciones: el 18 de noviembre, fecha de la renovación, es un día de fiesta para el pueblo zuliano sin que ninguna ley eclesiástica o civil la haya decretado.

La casa donde se efectuó el milagro se ha convertido en una capilla donde se celebra a menudo el santo sacrificio de la misa, la calle donde estaba la casa tomó desde ese momento el nombre de Calle del Milagro; el cuadro luce hoy en el Altar Mayor de la Basílica Menor consagrada a esta advocación de la Virgen, que fue coronada solemnemente el día 18 de noviembre de 1942. Sólo el nombre de la lavandera quedó en la penumbra y ella no se preocupó por pasar a la posteridad, porque Dios se vale de los humildes para realizar sus designios. La lavandera fue la concha que encerró esa perla que luce hoy en el espíritu religioso del pueblo zuliano. Es gloria de las generaciones presentes dedicar monumentos donde en muchos de ellos arde el fuego permanente a la memoria del soldado desconocido; la lavandera que encontró la tablilla flotando sobre las olas del lago es también un soldado desconocido de la fe de Cristo; para ella vale bien un monumento espiritual en forma de dos ramos de flores: uno de violetas, por su humildad, y otro de madreselvas, por la pluralidad de sus estuches florecidos al parigual del efecto causado en las generaciones que se dieron cuenta del milagro y en las siguientes que han creído en él, como una de las manifestaciones grandiosas de la Divinidad al pueblo de Maracaibo que ha sabido conservar su fe.

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