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Los Primeros Telefonos de Maracaibo

El servicio de teléfonos fue inaugurado en Maracaibo por una compañía inglesa que se denominó "Maracaibo Telephone Company'', entre los años 1879 y 1880, .cuando aún había en la ciudad alumbrado de kerosene. La oficina central se estableció en una casa de dos pisos situada en la calle del Registro, entre la plaza Baralt y la calle Urdaneta. La compañía inglesa desarrolló sus negocios y a los pocos años contaba con doscientos sesenta y cinco suscriptores que pagaban dieciséis bolívares mensuales por el referido servicio.La instalación de los teléfonos produjo revuelo en el Estado; en todas partes se hablaba con entusiasmo del prodigio de la electricidad y especialmente en los pueblos de la banda oriental del lago, donde la gente se sorprendía al saber que el jefe civil del pequeño pueblo de San Francisco con sólo darle a un manubrio que tocaba una campana y ponerse la bocina en el oído se comunicaba con el gobernador de Maracaibo, como si estuvieran sentados uno al lado del otro.

Había en uno de esos pueblos un hombre fanfarrón, lenguaz y mentiroso, a quien le habían dado el apodo de "Yoloví", porque cuando le contradecían sus mentiras se estiraba con los dedos los párpados para afirmar que lo había visto. Un domingo, después de la misa, los asistentes formaron grupos hablando animadamente sobre el tema del día que eran los teléfonos; a todos estos comentarios, Juan Yoloví, que no había visto ni sabía nada de los teléfonos, dándose importancia expuso su opinión de que eso era asunto de brujería, que los aparatos llevaban dentro brujas que, como son las que trasmiten las noticias a todas partes, eran las que establecían la conversación, a lo cual contradijo uno de los presentes que era asunto de sabios que habían logrado dominar la fuerza eléctrica, a lo cual replicó Juan Yoloví que era como él decía y, abriéndose los ojos, como era su costumbre, expresó con énfasis: "Yo vi las brujas entrando en los aparatos"; al oír aquella categórica afirmación, la mayoría de la concurrencia se reía y su interlocutor le dijo: '' Eso es mentira, porque el Padre ha dicho siempre que no se debe creer en brujas porque no existen". Juan Yoloví, corrido por la risa del público y la contestación recibida, abandonó la discusión sobre los teléfonos y replicó molesto: "Yo convengo con el señor cura que no existen las brujas, pero de que las hay, ¡las hay!".

En el pasadizo situado en la calle Colón, al frente del mercado principal entre la calle Comercio y la avenida de la Industria, varios comerciantes ambulantes se colocaban para vender sus mercancías; entre ellos había un zapatero a quien la generalidad conocía con el apodo de "Cobito". Para realizar su oficio ponía una mesa, que llenaba de zapatos destinados a la venta, entre las dos puertas aue daban al pasadizo de un comercio de mercancías de la firma De Lima Hermanos. Como era conocido tenía clientela entre los marinos de las piraguas y otros buques menores que navegaban en el lago; un día del mes de noviembre, cercano a la fiesta de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en que Cobito aumentaba sus ventas, llegó a su mesa un piragüero pidiéndole un par de zapatos, indicándole que su número era 40 ó 41, pero los que le quedaban no correspondían a estos números, a lo cual le dijo que los tenía en su casa y que los mandaría a buscar, pero el piragüero le hizo presente que estaba apurado y no podía esperar porque ya había entrado la brisa y la piragua debía aprovecharla. Cobito, sabedor de que en esos días habían instalado el teléfono en la casa De Lima Hermanos, le dice al cliente: "Es cuestión de un momento para que vengan los zapatos", y entrando en el establecimiento pide al jefe que le preste el teléfono, a lo cual accede, indicándole cómo debe llamar; Cobito le da al manubrio, suenan los timbres y la oficina pregunta: "¿Número?"; él cree que es de su casa y se le está pidiendo el número de los zapatos, por lo cual contesta: "40 ó 41, de los que están en la caja". La oficina repite la pregunta anterior y él responde lo mismo; sigue la insistencia de la oficina y Cobito se molesta hasta el punto de ponerse a gritar; el jefe de la casa comercial se acerca al oír los gritos y le dice: "¿Cobito, usted tiene teléfono en su casa?" El hombre, bravo, cuelga la bocina y le responde: "¡Usted también viene a embromarme! ¡Si yo tuviera teléfono en mi casa, no habría venido aquí a pedirle el suyo!".

En viaje que hiciera a Cúcuta, don Lucas EvangelistaRincón se encontró con el gerente de la "Maracaibo Telephone Company"; trataron de negociar la referida compañía acordándose fijar el precio en la suma de 40.000 bolívares, convenio que se perfeccionó a la llegada a Maracaibo, donde se firmaron las escrituras de compraventa. Esta adquisición trajo como resultado que, debido al esfuerzo y capacidad comercial de don Lucas Evangelista Rincón, una compañía que nació inglesa se convirtió en una empresa netamente zulianá.

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